jueves, 9 de enero de 2014

Crónicas de un amargo futuro, Capítulo 3 Todo llega

Habían pasado 2 años desde que La Muerte se había llevado a Drake. Eizhan llevaba tiempo con su entrenamiento, y Lana ya se encontraba psicológicamente estable. Lo que le ocurrió la ayudó a descubrir en gran parte sus poderes, porque de verdad quería morir, lo deseaba con todas sus fuerzas... eso no es algo por lo que nadie debería pasar, y aún menos una niña como era Lana.

Sus ojos habían despertado, ya era la legítima heredera de "La metrópolis Shinobi", la gran ciudad establecida por Drake compuesta por shinobis de todos los tipos... esto no sería sorprendente si no fuera porque normalmente, los shinobis se ocultan en villas para ejercer sus planes y misiones. Drake estaba tan orgulloso de los habitantes de la villa y confiaba tanto en su poder que no se preocupaba en ocultarla.

Lana no lo sabía, pero sus ojos eran especiales... El Shii-gan, u ojo de la debilidad, era una habilidad ocular hereditaria que permitía identificar los puntos débiles de las estructuras tanto vivas, como muertas y, como consecuencia destruirlas al golpear dichas zonas.

Lana, al contrario que los poseedores de la percepción de la muerte, desbloqueó esa habilidad muy tarde, siendo normalmente a edades tempranas comprendidas entre los 5 y los 8 años. Si el niño no desbloquea la habilidad, se le hacía pasar por una experiencia cercana a la muerte para que sus ojos despierten y, si aún así no lo logra, quiere decir que no la poseerá jamás.

Lana se había concienciado de que nunca la tendría... pero de repente, sus ojos despertaron, ese fue el día en el que se curó. Sus ojos "mataron" su debilidad... o eso pensaba.  A diferencia de los usuarios noveles, Lana podía ver las zonas débiles como manchas, que es el nivel básico, las zonas débiles como líneas, nivel medio para armas blanca, y las zonas débiles como puntos, siendo esta la evolución definitiva de dicha habilidad.

Hay un último uso de este ojo pero... nunca más se vio en el mundo desde la extinción primaria de los shinobis fundadores de la aldea Shishio, usuarios del Shii-gan. El último uso consistía en la manipulación de la realidad del objeto, jugando directamente con su existencia, que es a lo que ataca. Percibe la existencia del objeto como un todo, una idea inmanente, y lo destruye o debilita en función del impacto que tenga en el mundo.

Lana poseía los tres primeros usos nada más desbloquear su habilidad ocular... era la elegida del Shii-gan, la reencarnación del segundo shinobi. Comenzó a entrenar su poder ocular, cambiando su dulce forma de ser por el de una fría asesina, androfóbica y bastante más oscura de lo que acostumbraba, sin profundizar en relaciones personales. Los ojos de Lana eran muy poderosos... pero en su corazón, seguía siendo débil.

Eizhan, en cambio, fortalecía su corazón, su cuerpo, sus ojos, su mente... necesitaba proteger a su familia, y para ello, debía ser más fuerte cada segundo. Incluso combatiendo, no cansarse, gastar energía pero tener más de la gastada cada segundo... esa era su política y su forma de pensar. Debía ser invencible.

En dos años había alcanzado a sus compañeros de entrenamiento, e incluso superado a algunos de los más experimentados. Sus poderes como Ichi de oscuridad se habían incrementado, y estaba preparado para abandonar la aldea; sin embargo, decidió continuar entrenando fuertemente... centrando su atención en la potenciación del ojo de la energía, y para ello, la mejor era Ayase.

Una vez más, la voluntad ha hecho que lo imposible se vuelva tangible. Lucha pues, guerrero paciente, y llegarás a tu centro.

domingo, 5 de enero de 2014

Capítulo Extra. El caballero incorpóreo.

Cuentan las leyendas, que hubo una tremenda guerra a nivel mundial, y un héroe, surgió entre los hombres empuñando su terrible arma maldita, así como su vívida armadura.

Nadie conoció su rostro, ni sus motivaciones… ni siquiera su nombre. Sin embargo, aún a día de hoy, sigue rindiéndole honor en la estatua hueca que hay en su memoria.

Los oradores de leyendas tratan de invocarle, inútilmente, pero persisten en su empeño para verificar las intenciones y poderes de dicha alma. Pasó a ser una leyenda, su historia ocurrió de verdad, ya que los más ancianos dragones recuerdan su poderoso semblante, su ambigua forma de ser, el rígido código de honor que seguía, y su tremebunda aura, tan grande, que intimidaba al ser más grande e imponente. Su espada lo cortaba todo, su armadura parecía formar parte de la leyenda de Atila, rey de los hunos, y su mirada, que casi podía percibirse a través del casco, atravesaba a sus enemigos causando dolor a quién lo miraba.
Su historia sigue prolongándose, casi como una religión… pero nadie conoce la verdadera historia de este guerrero.

Su armadura había sido forjada en las fauces del círculo de la ira del infierno. Su espada, la cual podía absorber energía vital, fue forjada en gula. Y su espíritu guerrero, es descendencia de  imperecedero y una dragona milenaria.

Estaba destinado a enfrentarse a quién lideraba la guerra. Era su enemigo, su némesis… y todo porque dio muerte a quién no debía. Fue culpa de estas dos personas, el guerrero  desconocido y su enemigo, quiénes crearon esta guerra…  el guerrero no era malvado, pero la rabia y la ira le consumían, su armadura iba alimentándose de estos sentimientos… su armadura estaba viva. Era simplemente un trozo de acero forjado con poder demoníaco, pero el guerrero inconscientemente, influyó en esta, dándole vida. Hay historias que dicen que los objetos se parecen a sus dueños, cada objeto desarrolla un alma particular, que es una influencia de su existencia paralela con el mismo…  Su armadura despertó ante la rabia y la ira que emanaba del guerrero.

Entonces, su poderoso enemigo, quiso dar por terminada la guerra, y desató una poderosa energía que destruyó todo lo que se hallaba a su alrededor, haciendo que la tierra quedase desolada, sin árboles, hierba, o lagos. Los animales se desintegraron, y los cuerpos de los soldados siguieron su mismo destino.  El guerrero se consumió cada vez más por la ira y la frustración… vio cómo su ejército fue mermado hasta quedarse solo, toda esa gente había muerto por su culpa… por culpa suya. Su propio anhelo de venganza le hizo perder la cordura y no supo predecir lo que ocurriría… su armadura de placas negra tenía en cada separación líneas rojas como la sangre, un carmesí que comenzó a brillar a medida que su frustración aumentaba. Era la representación física del odio, de la amargura, de la ira, el enfado… la venganza y el rencor… Su enemigo, ya anciano y hambriento de poder, se aprovechó de su ataque de ira… y finalmente, tras un extenuante combate, se apoderó del cuerpo del guerrero.

Su armadura quedó vacía, hueca, y aparentaba nuevamente ser inerte. Su espada cayó al suelo siguiendo el destino de la armadura, cada placa y cada pieza estaba esparcida por el suelo.

El malvado hechicero se levantó,  mostrando una mueca de victoria y una sonrisa acompasando su mueca. Levantaba su bastón sonriente, teniendo tanto poder como el que tenía sería invencible… pero algo fue mal.  Cuando creyó marcharse victorioso, el lugar se cerró con cadenas de color rojo brillante, ardiente como si de algo recién forjado se tratase. Miró a su espalda, y vio la armadura reconstruida, con los tatuajes más vívidos que antes, su espada estaba en sus manos, y como si en reposo se hallara, estaba clavada en el suelo. La armadura estaba arrodillada frente a esta, apoyando sus manos en el mango.

El hechicero miró con miedo la armadura. Tenía un aura tan grande que igualaba sus nuevos poderes. Gritó, le dijo algo, pero nadie recuerda que le dijo. Y entonces, la armadura comenzó a levantarse. Nuevamente, comenzaron a pelear… el mago parecía ganar terreno, pero a medida que iba ganando, la armadura aumentaba su aura por la frustración que sentía al ver que no podía con él.  En una ocasión, la armadura atravesó con su espada, la espada Devora-Almas, el cuerpo del hechicero, pasándole todas las marcas rojas que había grabadas en esta.

Las cadenas ardientes del lugar fueron en pos del hechicero, pegándose a su cuerpo. Su cuerpo le ardía, y unos tatuajes rojos comenzaron a grabarse en éste. El gritaba de dolor,  le sangraron las cuencas de los ojos y los oídos, sangró por cada orificio de su cuerpo, cayó de rodillas, y desapareció sin dejar rastro.
El odio que sentía el caballero era tan grande, que contaminó el nuevo cuerpo del brujo. Probablemente, se marchó en pos de un letargo para recuperarse…

La armadura volvió a colocarse en su sitio, inmóvil, impasible, inmovible… y las leyendas comenzaron… decían que el guerrero había creado el surco para que se crease una ciudad en su honor, que había derrotado el solo al ejército enemigo y su hechicero. Que combatía por honor y por amor… pero todo eso era falso…  sin embargo, construyeron la ciudad alrededor de la armadura, y terminó por pasar como si de una estatua se tratase…

Hasta el día en el que el hechicero volviera a despertar.

sábado, 4 de enero de 2014

Crónicas de un amargo futuro. Capítulo 2, Voluntad y Rechazo.

-¡Así no, Eizhan!- Gritó la chica de baja estatura con orejas de murciélago -¡Con ésa ridícula energía no lograrás proteger a los que te rodean!

Eizhan estaba hiper-ventilando, nunca en su vida había cogido un arma, y se había propuesto un complicado objetivo tras la marcha de su padre: dejar la política y dedicarse al arte de la guerra.
-N-no... no puedo Ayase, lo siento... estoy -Hizo una pausa para recuperar el aliento- agotado...- dijo sintiendo de todo corazón lo patético que era.

Ayase cruzó su mirada con Eizhan y, en medio de un ligero destello oscuro, tan profundo y claro como el día y la noche, le propino un fuerte golpe en el plexo solar con la palma de su mano, traspasándole con una grandísima cantidad de energía que atravesó cada fibra nerviosa de su cuerpo.

-¡El cansancio está en tu mente! ¡Un combate no se pierde hasta qué tu no quieres que sea perdido! ¡Eres tú quién decide si levantarse o quedarse en el suelo, lamentando lo que no hizo!- Gritó mientras el cuerpo de Eizhan, malherido, caía al suelo derrumbado, como un muñeco sin vida.

-Vaya... parece que éste es tu límite, definitivamente... ¿Por qué no vuelves a la biblioteca y dejas esto de ser guerrero?- La chica de dio la vuelta, decepcionada al ver como el hijo de Drake era tan debilucho que no podía aguantar más de 5 golpes seguidos.

"Quiero..." pensaba "puedo" gritaba su alma "debo" expresaba su cuerpo" -Lo haré...- dijo Eizhan levantándose, con la mirada perdida y sangre corriendo por la comisura de sus labios.

-No ... voy a rendirme... ¡Me niego a rendirme!- Imitando la técnica que usada antes por Ayase, aperece repentinamente frente a ella preparado para propinar un golpe similar. Sus ojos brillaban amarillentos, veía claramente la energía de Ayase, y era abrumadora... pero más abrumadora eran sus ansias de victoria, de mejora, de fuerza y de poder.

Ayase sonrió de una manera bastante perturbadora... mostrando sus colmillos y una sádica y punzante mirada, el golpe de Eizhan habría impactado en cualquier adversario común, pero ella era especial... era La reencarnación del primer alumno del ichi de oscuridad, un alma inmortal y trascendente que continuaría legándose a lo largo de los años, acumulando conocimientos y poderes.

La chica bloqueó su golpe usando una imposición tan simple como poner su dedo índice confrontado  a su palmada de energía... toda la energía que iba dirigida hacia Ayase dio la vuelta, y volvió a atravesar a Eizhan.
¿Qué podía hacer...? ¿Seguir levantándose? ¿Rechazar la derrota? Pues si ese era el camino, lo haría...

Nuevamente volvió a levantarse; su cuerpo ya casi no tenía vida, se levantaba solo por una razón, una razón que marcaría el resto de su vida, por corta que fuese: Lana.

Cierra los ojos, no sabe qué hora es, que hora era, o a que hora comenzó. Solamente ve una cosa cuando cierra sus ojos, una profunda, espesa, y extraña oscuridad.

miércoles, 1 de enero de 2014

Crónicas de un amargo futuro. Capítulo 1, un amargo despertar.

   
-Las pesadillas son constantes- Dijo en una voz monótona -¿por qué lo pregunta, mi señora?- Drake estaba algo perturbado, su propia deidad se le había presentado para hablar con él de su situación actual.

La sombra femenina se dirigió a él nuevamente, gesticulando de una manera un tanto misteriosa, se acercó a Drake y puso dos dedos, el índice y el corazón, en su mentón, mirándole directamente a los ojos. -Drake... ya no puedes continuar en este mundo... has estado muchos años aguantando la pesada carga de tus ojos y tus deberes cómo mi elegido... las demás deidades primordiales me han hablado.- Drake entornó los ojos... estaba triste y quería llorar... pero no debía llevarle la contraria... había errado gravemente.

-Mi señora- Dijo Drake mirándola a los ojos, inconsciente de sus ansias asesinas.- Yo solo hice lo que debía hacer. No puede culpar a un hombre por ser hombre: errar forma parte del ser humano.
La sombra femenina negó con la cabeza. Se podía percibir la sombra de la preocupación en su oscurecido rostro - No te culpo de nada, Drake- Dijo con algo de ternura - Sabemos que no fue tu culpa... sino de tus ojos. No te estamos castigando por haber errado, estamos protegiendo al mundo porque ya no tienes el control, ¿qué hace un guardián del planeta cuando se convierte en un enemigo de este...?

Drake abrió sus ojos de par en par, su ansia asesina había desaparecido por completo... ella tenía razón.- Mi señora...- hizo una leve reverencia...- ¿Puedo... despedirme?- La sombra negó con la cabeza - No podemos arriesgarnos a más daño- dijo.

Los ojos de Drake se encharcaron en lágrimas... no volvería a ver a su hijo, a su hija, ni a su esposa. Jamás podría volver a pisar la tierra y a respirar el aire puro del planeta... tenía que dejar la metrópolis shinobi que tanto esfuerzo había puesto en construir pero, estaba tranquilo. Sabía que, de quedarse, podría ocurrir algo aún más oscuro y tenebroso, que escapaba a su comprensión. Su parte de Elemental oscuro, más su constante exposición a la visión de la muerte y el último suceso de su vida había hecho que Drake, un antiguo héroe de La Guerra Santa se convirtiese en un enemigo del planeta.

-Así sea- Dijo con decisión, levantando la cabeza y retirando la máscara de supresión energética que llevaba. -Estoy preparado para dejar el plano mortal.

La sombra femenina sonrió y, por primera vez en la vida de Drake, le permitió ver quién era realmente. No era el Gran Elemental de Oscuridad, La Noche... no... esa era una de sus múltiples máscaras: La Noche, La Luna, El Olvido... todas esas deidades eran la misma: La Muerte.

-Ahora lo entiendo...- Dijo Drake sorprendido- Ahora lo entiendo todo.
Entonces, una tenue luz brilló en el despachó de Drake, entre La Muerte y éste para desaparecer de este mundo por completo.

Crónicas de un amargo futuro. Prólogo

Sus ojos brillaban enfurecidos, no había forma humana posible de calmar todas esas oscuras sensaciones que recorrían su mente. Habían hecho daño a su hija, tanto física como psicológicamente.
Como líder de la aldea, sabía que tenía que tomar ciertas decisiones, sus hijos, Eizhan y Lana habían decidido que hacer en su vida... pero él no podía vivir sabiendo como habían profanado la pureza de su hija.
Se levantó de la silla en la cual aguardó durante dos semanas a que le llegasen noticias sobre como iba el entrenamiento de su hija... cuando el informador llegó, y le comunicó el avieso final de su retoño; al menos, de cómo era hasta ese momento.
Nunca en toda su vida había podido sentir tanto odio y desprecio hacia los seres vivos y, por primera vez, agradecía poseer su poder ocular... poder percibir el fin de las cosas le haría saborear del todo la venganza.
Soltó todo el papeleo, reventó la mesa por la mitad haciendo un corte perfecto, y se emprendió en búsqueda del asentamiento enemigo que se hallaba al otro lado del continente... sabía que tardaría... y cuanto más tardase, peor sería el daño que recibiría Lana: la pobre chica ya había perdido suficiente con la ejecución de su prometido. Tenía que salvarla, o al menos lo que quedase de ella.

El viaje le tomó mucho tiempo, pero tras un largo recorrido usando impulsos de energía, logró llegar... presentía el sufrimiento de su retoño, sabía que estaba cerca y, finalmente... perdió el juicio.
Todo se oscureció: sólo veía líneas y puntos, líneas y puntos hasta el fin del mundo; "el mundo es tan frágil ante mis ojos...", pensaba recorriendo cada línea con sus cuchillos de oscuridad, troceando a cada ser que se metía en su camino.
"¿Por qué lloras, pequeña? Solo estoy haciendo que llegue el fin de tu línea temporal"
definitivamente, había perdido el juicio cómo su padre... Drake, el héroe de la guerra santa, no era más que un heraldo del mal en busca de dolor, venganza y sufrimiento. Mataba todo lo que estaba en su camino, cualquier cosa: Objetos, personas, armas, animales, árboles; todo.
Tras horas de asesinatos a sangre fría, una voz le despertó... una voz tranquila e imperturbable "Basta... ya basta Drakens... ya han pagado, no queda ni un cuerpo en pie. Solo estás cortando los cadáveres de tus enemigos".
Drake abrió los ojos y se vio completamente manchado de sangre, vísceras y tierra. Su hija estaba en el suelo, casi sin ropa y con la mirada perdida, con un hilo de sangre cayendo de la comisura de sus labios, y lágrimas secas en sus lagrimales... la niña había perdido su "alma", parecía una muñeca vacía.
Drake cayó delante de ella, se arrodilló, la cubrió con su gabardina y comenzó a llorar apretándola contra su pecho...
Él no lo sabía, pero eso era el comienzo del fin, el comienzo de su fin en la tierra.