-¡Así no, Eizhan!- Gritó la chica de baja estatura con orejas de murciélago -¡Con ésa ridícula energía no lograrás proteger a los que te rodean!
Eizhan estaba hiper-ventilando, nunca en su vida había cogido un arma, y se había propuesto un complicado objetivo tras la marcha de su padre: dejar la política y dedicarse al arte de la guerra.
-N-no... no puedo Ayase, lo siento... estoy -Hizo una pausa para recuperar el aliento- agotado...- dijo sintiendo de todo corazón lo patético que era.
Ayase cruzó su mirada con Eizhan y, en medio de un ligero destello oscuro, tan profundo y claro como el día y la noche, le propino un fuerte golpe en el plexo solar con la palma de su mano, traspasándole con una grandísima cantidad de energía que atravesó cada fibra nerviosa de su cuerpo.
-¡El cansancio está en tu mente! ¡Un combate no se pierde hasta qué tu no quieres que sea perdido! ¡Eres tú quién decide si levantarse o quedarse en el suelo, lamentando lo que no hizo!- Gritó mientras el cuerpo de Eizhan, malherido, caía al suelo derrumbado, como un muñeco sin vida.
-Vaya... parece que éste es tu límite, definitivamente... ¿Por qué no vuelves a la biblioteca y dejas esto de ser guerrero?- La chica de dio la vuelta, decepcionada al ver como el hijo de Drake era tan debilucho que no podía aguantar más de 5 golpes seguidos.
"Quiero..." pensaba "puedo" gritaba su alma "debo" expresaba su cuerpo" -Lo haré...- dijo Eizhan levantándose, con la mirada perdida y sangre corriendo por la comisura de sus labios.
-No ... voy a rendirme... ¡Me niego a rendirme!- Imitando la técnica que usada antes por Ayase, aperece repentinamente frente a ella preparado para propinar un golpe similar. Sus ojos brillaban amarillentos, veía claramente la energía de Ayase, y era abrumadora... pero más abrumadora eran sus ansias de victoria, de mejora, de fuerza y de poder.
Ayase sonrió de una manera bastante perturbadora... mostrando sus colmillos y una sádica y punzante mirada, el golpe de Eizhan habría impactado en cualquier adversario común, pero ella era especial... era La reencarnación del primer alumno del ichi de oscuridad, un alma inmortal y trascendente que continuaría legándose a lo largo de los años, acumulando conocimientos y poderes.
La chica bloqueó su golpe usando una imposición tan simple como poner su dedo índice confrontado a su palmada de energía... toda la energía que iba dirigida hacia Ayase dio la vuelta, y volvió a atravesar a Eizhan.
¿Qué podía hacer...? ¿Seguir levantándose? ¿Rechazar la derrota? Pues si ese era el camino, lo haría...
Nuevamente volvió a levantarse; su cuerpo ya casi no tenía vida, se levantaba solo por una razón, una razón que marcaría el resto de su vida, por corta que fuese: Lana.
Cierra los ojos, no sabe qué hora es, que hora era, o a que hora comenzó. Solamente ve una cosa cuando cierra sus ojos, una profunda, espesa, y extraña oscuridad.
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