domingo, 5 de enero de 2014

Capítulo Extra. El caballero incorpóreo.

Cuentan las leyendas, que hubo una tremenda guerra a nivel mundial, y un héroe, surgió entre los hombres empuñando su terrible arma maldita, así como su vívida armadura.

Nadie conoció su rostro, ni sus motivaciones… ni siquiera su nombre. Sin embargo, aún a día de hoy, sigue rindiéndole honor en la estatua hueca que hay en su memoria.

Los oradores de leyendas tratan de invocarle, inútilmente, pero persisten en su empeño para verificar las intenciones y poderes de dicha alma. Pasó a ser una leyenda, su historia ocurrió de verdad, ya que los más ancianos dragones recuerdan su poderoso semblante, su ambigua forma de ser, el rígido código de honor que seguía, y su tremebunda aura, tan grande, que intimidaba al ser más grande e imponente. Su espada lo cortaba todo, su armadura parecía formar parte de la leyenda de Atila, rey de los hunos, y su mirada, que casi podía percibirse a través del casco, atravesaba a sus enemigos causando dolor a quién lo miraba.
Su historia sigue prolongándose, casi como una religión… pero nadie conoce la verdadera historia de este guerrero.

Su armadura había sido forjada en las fauces del círculo de la ira del infierno. Su espada, la cual podía absorber energía vital, fue forjada en gula. Y su espíritu guerrero, es descendencia de  imperecedero y una dragona milenaria.

Estaba destinado a enfrentarse a quién lideraba la guerra. Era su enemigo, su némesis… y todo porque dio muerte a quién no debía. Fue culpa de estas dos personas, el guerrero  desconocido y su enemigo, quiénes crearon esta guerra…  el guerrero no era malvado, pero la rabia y la ira le consumían, su armadura iba alimentándose de estos sentimientos… su armadura estaba viva. Era simplemente un trozo de acero forjado con poder demoníaco, pero el guerrero inconscientemente, influyó en esta, dándole vida. Hay historias que dicen que los objetos se parecen a sus dueños, cada objeto desarrolla un alma particular, que es una influencia de su existencia paralela con el mismo…  Su armadura despertó ante la rabia y la ira que emanaba del guerrero.

Entonces, su poderoso enemigo, quiso dar por terminada la guerra, y desató una poderosa energía que destruyó todo lo que se hallaba a su alrededor, haciendo que la tierra quedase desolada, sin árboles, hierba, o lagos. Los animales se desintegraron, y los cuerpos de los soldados siguieron su mismo destino.  El guerrero se consumió cada vez más por la ira y la frustración… vio cómo su ejército fue mermado hasta quedarse solo, toda esa gente había muerto por su culpa… por culpa suya. Su propio anhelo de venganza le hizo perder la cordura y no supo predecir lo que ocurriría… su armadura de placas negra tenía en cada separación líneas rojas como la sangre, un carmesí que comenzó a brillar a medida que su frustración aumentaba. Era la representación física del odio, de la amargura, de la ira, el enfado… la venganza y el rencor… Su enemigo, ya anciano y hambriento de poder, se aprovechó de su ataque de ira… y finalmente, tras un extenuante combate, se apoderó del cuerpo del guerrero.

Su armadura quedó vacía, hueca, y aparentaba nuevamente ser inerte. Su espada cayó al suelo siguiendo el destino de la armadura, cada placa y cada pieza estaba esparcida por el suelo.

El malvado hechicero se levantó,  mostrando una mueca de victoria y una sonrisa acompasando su mueca. Levantaba su bastón sonriente, teniendo tanto poder como el que tenía sería invencible… pero algo fue mal.  Cuando creyó marcharse victorioso, el lugar se cerró con cadenas de color rojo brillante, ardiente como si de algo recién forjado se tratase. Miró a su espalda, y vio la armadura reconstruida, con los tatuajes más vívidos que antes, su espada estaba en sus manos, y como si en reposo se hallara, estaba clavada en el suelo. La armadura estaba arrodillada frente a esta, apoyando sus manos en el mango.

El hechicero miró con miedo la armadura. Tenía un aura tan grande que igualaba sus nuevos poderes. Gritó, le dijo algo, pero nadie recuerda que le dijo. Y entonces, la armadura comenzó a levantarse. Nuevamente, comenzaron a pelear… el mago parecía ganar terreno, pero a medida que iba ganando, la armadura aumentaba su aura por la frustración que sentía al ver que no podía con él.  En una ocasión, la armadura atravesó con su espada, la espada Devora-Almas, el cuerpo del hechicero, pasándole todas las marcas rojas que había grabadas en esta.

Las cadenas ardientes del lugar fueron en pos del hechicero, pegándose a su cuerpo. Su cuerpo le ardía, y unos tatuajes rojos comenzaron a grabarse en éste. El gritaba de dolor,  le sangraron las cuencas de los ojos y los oídos, sangró por cada orificio de su cuerpo, cayó de rodillas, y desapareció sin dejar rastro.
El odio que sentía el caballero era tan grande, que contaminó el nuevo cuerpo del brujo. Probablemente, se marchó en pos de un letargo para recuperarse…

La armadura volvió a colocarse en su sitio, inmóvil, impasible, inmovible… y las leyendas comenzaron… decían que el guerrero había creado el surco para que se crease una ciudad en su honor, que había derrotado el solo al ejército enemigo y su hechicero. Que combatía por honor y por amor… pero todo eso era falso…  sin embargo, construyeron la ciudad alrededor de la armadura, y terminó por pasar como si de una estatua se tratase…

Hasta el día en el que el hechicero volviera a despertar.

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